🐸 Las ranitas que me encontraron
Una historia de lanas, pruebas, errores y una ranita que me llevó de vuelta a mi infancia.
¡Voy a ponerle mis más lindas fotos de ranas a esta historia!
Siempre me estoy poniendo nuevos desafíos. Esta vez decidí dejar por un rato mis tejidos tradicionales y mis amigurumis para aventurarme en el mundo de los peluches tejidos con palillos.
Me puse a buscar algún peluche que me gustara y, ¿qué creen? ¡Ahí fue donde una ranita me encontró!
Y digo que me encontró porque las ranas tienen un significado muy especial para mí. Me recuerdan mi infancia y a «el Rano», una rana hecha con un pedazo de tapiz verde, ojos de botones negros y rellena de arroz. Era mi personaje favorito para jugar. Así que, de alguna manera, volver a las ranas era también volver a una parte muy querida de mi historia.
🧶 De escarabajos a ranitas
Comencé a buscar inspiración y encontré a muchas personas que tejían ranas parecidas. También descubrí que existía un patrón específico para hacerlas, creado por alguien que lo vendía.
Pero ya me conocen: a mí me gusta aprender mirando algo terminado, observando, probando, experimentando y descubriendo cómo se hacen las cosas. Así que me puse manos a la obra.
Y aunque ustedes no lo crean, ¡me pasé muchos meses intentando conseguir una ranita que realmente pareciera rana!
Al principio, mis creaciones se parecían más a escarabajos que a batracios. Después aparecieron otros problemas: cuando rellenaba las patas con lana, quedaban tiesas y no tenían la forma que yo quería.Se me ocurrió entonces cambiar la lana por limpiapipas para darles más estructura. ¿Y qué pasó? ¡Peor todavía! Por más fino que tejiera, siempre terminaba asomándose algún alambre por alguna parte. Además había algo importante, como no iba a usar alambre pero quería que se vieran sus rodillas dobladas tuve que inventarle rodillas, o sea tejer de alguna forma que se doblada y lo hice!!
Luego los ojos saltones en el cuerpo, cómo lograrlo, yo creo que eso fue lo más difícil de lograr, pero investigando con ensayo y error todo se logra.
Pero yo seguía...
Después vino la etapa de selección de lanas: dentro de lo que podía encontrar en Puerto Montt, dejé las tiendas tradicionales por los talleres de punto cruz y tapicería en lana, buscando esa lana cada vez más verde, más brillante, y también lanas exóticas, más coloridas, más camufladas… ¡Había que encontrar los tonos perfectos para estas personitas con forma de rana!
Poco a poco, entre pruebas, errores y nuevas ideas, comenzaron a aparecer las primeras ranitas que de verdad parecían ranas con esos ojos saltones, con sus patitas dobladas, con sus guatitas brillantes, con su forma especial chiquititas, blanditas, saltarinas, divertidas que a mi me gustan tanto.
Y con cada una iba descubriendo algo nuevo para que me quedaran más lindas y divertidas, se me acumulaban ranas y ranas, no se imaginan cuántas ranas tejí, decenas, muchas.
🧵 Un pequeño taller familiar
En esta aventura también hubo un trabajo en equipo.
Yo luego de tejerlas les ponía los ojos y mi mamá se encargaba de coserlas, rellenarlas y esconder las hebras que quedaban por ahí. Era una colaboración perfecta: cada una aportaba lo suyo para que aquellas ranitas fueran tomando forma.
¿Y qué pasaba con las que no me gustaban tanto? ¿Con esas que yo consideraba fallidas y que no quería mostrar?
Bueno, mi hija menor, la Ferni, encontró una excelente solución: ¡se las llevaba al colegio y las vendía!
Claramente, había descubierto su propio negocio. 😂
Con el tiempo, las ranitas comenzaron a quedar más bonitas y también aumentó la clientela. Entonces subí el precio y decidimos repartir las ganancias con mi vendedora estrella.
Pero cuando empezaron a contactarme directamente para comprarme las ranas, dejé de depender de su red de ventas y comencé a venderlas yo misma. Porque ya no eran los niños los que buscaban a la Ferni, eran las mamás las que me llamaban por teléfono pidiéndome por favor que su hijita quería una de esas ranitas, o que por favor le tejiera otra porque su hijo lloraba desconsolado con la pérdida de su batracio amado.
La Ferni había sido una excelente impulsora comercial, pero el negocio empezaba a tomar otro rumbo.
💚 ¿Y me hice millonaria vendiendo ranas?
Ustedes seguramente estarán pensando que me hice rica, que tengo una tienda de culto dedicada a las ranas y que llegan pedidos de todas partes del mundo para conseguir una de mis creaciones.
¡Jajajaja! Eso quizás podría pasar en otro lugar del mundo, pero aquí no. Al menos, no fue lo que me ocurrió a mí.
En Chile, muchas veces cuesta valorar el trabajo hecho a mano. Siempre aparece alguien que encuentra caro un producto artesanal, sin considerar las horas de trabajo, los materiales, las pruebas y todo lo que hay detrás de una pieza creada a mano con cariño y cuidado.
Además, yo no tenía muchas ganas de vender por internet. En ese tiempo tenía un trabajo estable que me ocupaba gran parte del día y, por supuesto, también estaba mi vida de mamá.
Y hay algo más que quienes me conocen bien seguramente entenderán: lo que más disfruto es desbloquear una idea, descubrir cómo hacerla realidad y, una vez que lo consigo, ¡saltar a una idea nueva!
Me encanta el proceso de investigar, probar materiales, equivocarme, encontrar soluciones y ver cómo algo que estaba en mi cabeza finalmente toma forma entre mis manos, diseñarlo, hacerlo a mi manera.
Eso de tejer en serie decenas o cientos de cosas... de ranas para toda la vida hasta viejita... no es precisamente lo mío. Las pocas veces que lo he hecho ha sido para ocasiones especiales, como los bautizos de mis hijas, donde cada pieza tenía un significado distinto.
🐸 Lo bonito de dejarse encontrar
Al final, las ranitas fueron mucho más que un proyecto de tejido. Me llevaron de vuelta a un recuerdo de infancia, me hicieron experimentar con materiales, aprender nuevas técnicas y compartir una pequeña aventura con mi mamá y mi hija.
Y aunque no terminé con una tienda mundialmente famosa ni con una fortuna ranística, me quedé con algo que para mí vale muchísimo: la satisfacción de descubrir cómo hacer algo que al principio parecía imposible.
Porque de eso se trata buena parte de mi relación con las manualidades: de seguir la curiosidad, darle una oportunidad a las ideas y disfrutar el camino, incluso cuando las primeras ranas parecían escarabajos.
Y ahora sí… ¡a disfrutar de las fotos de mis ranitas! 💚🐸
Por: Gabriela Quintana Rüedlinger.

















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